Yo no soy cazadora de pajaritos
Me gusta cuando aletean en mis hojas
y se me posan en las ramas
Cuando el magnetismo de mi tierra los baja del aire
Pero no tengo alma de jaula
martes, 24 de marzo de 2015
sábado, 21 de marzo de 2015
Lectora incógnita de escritora escondida
No la conozco, la verdad. La he visto un par de veces, la he leído mil. Si hablamos, nunca me atreví a confesar que sus historias escondidas eran mi lectura favorita para llorar cuando tengo necesidad de nostalgia. Es psicopateo, en realidad: ya nadie visita los blogs de nadie, pero a veces, cada cierta cantidad de meses, me acuerdo y me hundo en su tiempo, lleno de una tristeza pesada, porque es cotidiana. Se siente en su texto un aire denso, de realidad insoportable, y todo lo que me esfuerzo en hacer pasar por irrelevante me da una pena insondable. La admiro y la envidio, porque no puedo ser tan hermosa y triste, tan melancólica y con tanta dramaturgia armar escenarios de pena, de fealdad y de olvido, siendo tan feliz, tan bella y popular. Tiene una vida de letras desolada que no se condice la de verdad, llega a ser injusto. Pero es mi favorita porque cuando necesito sentirme horrible siempre tiene algo escrito para mí, aunque no tenga idea.
miércoles, 5 de marzo de 2014
Querer, y después ya no.
T E Q U E R Í A
T e Q u e r í a
t e q u e r í a
t q u r í a
t q u í a
t q a
t q
...
martes, 3 de diciembre de 2013
Renacer, una y otra vez
A veces me parece que estoy metida dentro de muchos huevos. A medida que pasa el tiempo parece que voy rompiendo cascarones. Una y otra vez, cascarones simultáneos y superpuestos se van abriendo para dejarme salir, y las imágenes del mundo van ganando claridad, aunque siempre cubiertas por telas de algún otro cascarón.
Este año rompí a penas -y digo a penas, porque fue doloroso y lleno de penas- uno tan potente y transparente, que no me había dado cuenta que estaba ahí. Uno que se parecía a mí, que se acoplaba a mi cuerpo, haciéndome creer que era yo.
Dejé de escribir, dejé de pintar, dejé de cantar. En los últimos tiempos había vivido una especie incubación alienante, tibia, cómoda como un vientre de madre, pero como tal, limitante, quiero decir, superresguardante. Antes había sido yo, y morí. Después me re-gesté, y morí, y nací. Ahora soy tan yo, y lo seré más cuando vuelva a nacer. Porque, al menos si tenemos la mirada vuelta adentro, se puede ver que vivir consiste en nacer y morir, una y otra vez. A veces a diario y a veces en años. Así acumulamos una serie de vidas que se siguen y se cortan, conviven y se aplastan, porque somos muchos Yo. Algunos dirán que es crecer; a eso me refiero yo también.
Me regocija la capacidad de asombrarme con cosas sencillas que espero nunca perder.
Y ahora vuelvo a escribir, y a pintar, y a cantar.
Porque soy tan Yo, tan simple, tan elemental.
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