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lunes, 21 de noviembre de 2016

Espejo (o el amor a mí en ti)

Se me había perdido el amor
pero lo encontré
en la honestidad brutal de tu espejo
que me devuelve
a mi propio abrazo

Se me había perdido el amor
y me encontré con él
en el reflejo de tu ojo
que me da vuelta
la propia piel

Se me había perdido el amor
y me encontró
en tu espacio cóncavo
que me retorna
al propio ser

jueves, 23 de julio de 2015

La manzana de Eva y la culpa de las mujeres


La manzana de Eva no está en la garganta.
Se lleva en los pezones, la vergüenza, el pecho
oculto entre siete velos y la espalda encorvada
sobre el peso del pecado que se cae al frente.
Se lleva en el nacimiento,
al principio.

Es verde. Como tierra de mujeres,
el campo y sus hijos, que no dejan de parir
frutos de árboles prohibidos.
Roja. Como la mancha entre nuestras piernas,
el clítoris hinchado y las mejillas sonrosadas.
Dulce, como la salvia en la piel exhausta.

La vívora anida entre los labios femeninos
se desliza desde dentro y devora
seductora, lame a los Abeles
y de ella el veneno es verbo,
el principio.

sábado, 21 de marzo de 2015

Lectora incógnita de escritora escondida


Para variar, y para seguir el espíritu feminista que me anima, voy a escribir de una mujer.
No la conozco, la verdad. La he visto un par de veces, la he leído mil. Si hablamos, nunca me atreví a confesar que sus historias escondidas eran mi lectura favorita para llorar cuando tengo necesidad de nostalgia. Es psicopateo, en realidad: ya nadie visita los blogs de nadie, pero a veces, cada cierta cantidad de meses, me acuerdo y me hundo en su tiempo, lleno de una tristeza pesada, porque es cotidiana. Se siente en su texto un aire denso, de realidad insoportable, y todo lo que me esfuerzo en hacer pasar por irrelevante me da una pena insondable. La admiro y la envidio, porque no puedo ser tan hermosa y triste, tan melancólica y con tanta dramaturgia armar escenarios de pena, de fealdad y de olvido, siendo tan feliz, tan bella y popular. Tiene una vida de letras desolada que no se condice la de verdad, llega a ser injusto. Pero es mi favorita porque cuando necesito sentirme horrible siempre tiene algo escrito para mí, aunque no tenga idea. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Renacer, una y otra vez

A veces me parece que estoy metida dentro de muchos huevos. A medida que pasa el tiempo parece que voy rompiendo cascarones. Una y otra vez, cascarones simultáneos y superpuestos se van abriendo para dejarme salir, y las imágenes del mundo van ganando claridad, aunque siempre cubiertas por telas de algún otro cascarón.
Este año rompí a penas -y digo a penas, porque fue doloroso y lleno de penas- uno tan potente y transparente, que no me había dado cuenta que estaba ahí. Uno que se parecía a mí, que se acoplaba a mi cuerpo, haciéndome creer que era yo. 
Dejé de escribir, dejé de pintar, dejé de cantar. En los últimos tiempos había vivido una especie incubación alienante, tibia, cómoda como un vientre de madre, pero como tal, limitante, quiero decir, superresguardante. Antes había sido yo, y morí. Después me re-gesté, y morí, y nací. Ahora soy tan yo, y lo seré más cuando vuelva a nacer. Porque, al menos si tenemos la mirada vuelta adentro, se puede ver que vivir consiste en nacer y morir, una y otra vez. A veces a diario y a veces en años. Así acumulamos una serie de vidas que se siguen y se cortan, conviven y se aplastan, porque somos muchos Yo. Algunos dirán que es crecer; a eso me refiero yo también. 
Me regocija la capacidad de asombrarme con cosas sencillas que espero nunca perder.
Y ahora vuelvo a escribir, y a pintar, y a cantar. 
Porque soy tan Yo, tan simple, tan elemental.