lunes, 21 de noviembre de 2016

Espejo (o el amor a mí en ti)

Se me había perdido el amor
pero lo encontré
en la honestidad brutal de tu espejo
que me devuelve
a mi propio abrazo

Se me había perdido el amor
y me encontré con él
en el reflejo de tu ojo
que me da vuelta
la propia piel

Se me había perdido el amor
y me encontró
en tu espacio cóncavo
que me retorna
al propio ser

sábado, 8 de octubre de 2016

Fragmento del Asco. Feo, muy feo.


(...)
Mi única venganza posible sería arruinar tu memoria con confesiones, pero para qué. Dañar a los inocentes por matar a un muerto. Pero aquí te escribo: te desprecio. 
Generalmente te ignoro, no me existes, pero ahora que te recuerdo, me das asco y te desprecio.
Bien muerto.
(...)
No voy a perdonarte, ni guardarte rencor.
Eres como Voldemort al final de la última película.

Asco.

jueves, 23 de julio de 2015

La muerte, la conciencia y la verdad. Fin.

De la búsqueda de la verdad concluí que no existe tal, sin embargo hay una certeza que modela todo lo previo a ella. La muerte es el punto final que cambia el sentido de todo lo anterior; de la vida. Y de muertes hay más que físicas, pues, aristotélicamente hablando, todo cambia y, entonces, todo acaba, todo muere. Es preciso tener presente, para no confundirnos ni con pasados ni futuros, que todo es pasajero y eso no cambia nada, salvo en la conciencia, que es donde la muerte hace acto de presencia, el resto sigue igual: la materia no se crea ni se destruye. Está en el darse cuenta.
Perdóname que sea tan sincera, pero no pretendas poseer nada más que este momento, que todo lo demás se lo lleva la corriente. La seguridad de un abrazo dura lo que alcanzan los cuerpos a plegarse. No supongas por ello que son falsos, es sólo que las verdades duran sólo un instante.

La manzana de Eva y la culpa de las mujeres


La manzana de Eva no está en la garganta.
Se lleva en los pezones, la vergüenza, el pecho
oculto entre siete velos y la espalda encorvada
sobre el peso del pecado que se cae al frente.
Se lleva en el nacimiento,
al principio.

Es verde. Como tierra de mujeres,
el campo y sus hijos, que no dejan de parir
frutos de árboles prohibidos.
Roja. Como la mancha entre nuestras piernas,
el clítoris hinchado y las mejillas sonrosadas.
Dulce, como la salvia en la piel exhausta.

La vívora anida entre los labios femeninos
se desliza desde dentro y devora
seductora, lame a los Abeles
y de ella el veneno es verbo,
el principio.