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lunes, 21 de noviembre de 2016

Espejo (o el amor a mí en ti)

Se me había perdido el amor
pero lo encontré
en la honestidad brutal de tu espejo
que me devuelve
a mi propio abrazo

Se me había perdido el amor
y me encontré con él
en el reflejo de tu ojo
que me da vuelta
la propia piel

Se me había perdido el amor
y me encontró
en tu espacio cóncavo
que me retorna
al propio ser

miércoles, 29 de abril de 2015

Escribir para después


Siempre que me leo me sorprendo y pienso que nunca voy a volver a escribir algo tan hermoso como lo que he escrito antes. Es una especie bien torcida de narcisismo. Me encanta leer las páginas de mi pasado, de mi puño y letra hasta emocionarme a las lágrimas. Me encanta auto-inducirme la nostalgia y renegar del presentefuturo con sus infinidades, aunque guardo la secreta certeza de que siempre seguiré escribiendo algunas líneas burdas que, después, y sólo después, me parecerán hermosas -estas mismas, por ejemplo-. 


Hoy día, comentando con una amiga, me acordé de fotolog. "Me gustaba tanto porque podía escribir mucho", siempre escribía mucho, aunque me comentaran 'sluds rose' los que no se dieron la molestia de leer. Me pregunto: para qué audiencia tanto escribía, para qué audiencia sigo escribiendo y qué comité de censura ya no me deja ''escribir mucho''. La respuesta fascinante que se me abre recién hoy, tras años, es que siempre escribo para mi yo futura. La eterna pregunta por el sentido se advierte relativamente contestada: escribo, para leerme con ternura vieja y compartirme con un poco de vergüenza. 
"Scribo ergo sum", fue mi lema, y me hace un poco más de sentido. Escribo para creerme que fui. 

martes, 3 de diciembre de 2013

Renacer, una y otra vez

A veces me parece que estoy metida dentro de muchos huevos. A medida que pasa el tiempo parece que voy rompiendo cascarones. Una y otra vez, cascarones simultáneos y superpuestos se van abriendo para dejarme salir, y las imágenes del mundo van ganando claridad, aunque siempre cubiertas por telas de algún otro cascarón.
Este año rompí a penas -y digo a penas, porque fue doloroso y lleno de penas- uno tan potente y transparente, que no me había dado cuenta que estaba ahí. Uno que se parecía a mí, que se acoplaba a mi cuerpo, haciéndome creer que era yo. 
Dejé de escribir, dejé de pintar, dejé de cantar. En los últimos tiempos había vivido una especie incubación alienante, tibia, cómoda como un vientre de madre, pero como tal, limitante, quiero decir, superresguardante. Antes había sido yo, y morí. Después me re-gesté, y morí, y nací. Ahora soy tan yo, y lo seré más cuando vuelva a nacer. Porque, al menos si tenemos la mirada vuelta adentro, se puede ver que vivir consiste en nacer y morir, una y otra vez. A veces a diario y a veces en años. Así acumulamos una serie de vidas que se siguen y se cortan, conviven y se aplastan, porque somos muchos Yo. Algunos dirán que es crecer; a eso me refiero yo también. 
Me regocija la capacidad de asombrarme con cosas sencillas que espero nunca perder.
Y ahora vuelvo a escribir, y a pintar, y a cantar. 
Porque soy tan Yo, tan simple, tan elemental.


lunes, 21 de enero de 2013

A tu vista y paciencia (Alumbramiento)

Me voy a desnudar
a tu vista y paciencia
me voy a desflorar la piel

Voy a quebrar las aguas
con mis raíces flagelantes
eterna corriente de inmutabilidad

Pedirás mamar la sabia de mis pechos
mientras mehundo en la tierra
a tu vista y paciencia

Querrás plantar la vid en mis entrañas
pero yo 
florezco y muero con el Sol

Voy a parir la tierra
a tu vista y paciencia
para aguantarte el paso
en mis caderas de piedra
hasta que el camino se te pierda