sábado, 8 de octubre de 2016
Fragmento del Asco. Feo, muy feo.
(...)
Mi única venganza posible sería arruinar tu memoria con confesiones, pero para qué. Dañar a los inocentes por matar a un muerto. Pero aquí te escribo: te desprecio.
Generalmente te ignoro, no me existes, pero ahora que te recuerdo, me das asco y te desprecio.
Bien muerto.
(...)
No voy a perdonarte, ni guardarte rencor.
Eres como Voldemort al final de la última película.
Asco.
domingo, 25 de octubre de 2015
jueves, 23 de julio de 2015
La muerte, la conciencia y la verdad. Fin.
De la búsqueda de la verdad concluí que no existe tal, sin embargo hay una certeza que modela todo lo previo a ella. La muerte es el punto final que cambia el sentido de todo lo anterior; de la vida. Y de muertes hay más que físicas, pues, aristotélicamente hablando, todo cambia y, entonces, todo acaba, todo muere. Es preciso tener presente, para no confundirnos ni con pasados ni futuros, que todo es pasajero y eso no cambia nada, salvo en la conciencia, que es donde la muerte hace acto de presencia, el resto sigue igual: la materia no se crea ni se destruye. Está en el darse cuenta.
Perdóname que sea tan sincera, pero no pretendas poseer nada más que este momento, que todo lo demás se lo lleva la corriente. La seguridad de un abrazo dura lo que alcanzan los cuerpos a plegarse. No supongas por ello que son falsos, es sólo que las verdades duran sólo un instante.
La manzana de Eva y la culpa de las mujeres
La manzana de Eva no está en la garganta.
Se lleva en los pezones, la vergüenza, el pecho
oculto entre siete velos y la espalda encorvada
sobre el peso del pecado que se cae al frente.
Se lleva en el nacimiento,
al principio.
Es verde. Como tierra de mujeres,
el campo y sus hijos, que no dejan de parir
frutos de árboles prohibidos.
Roja. Como la mancha entre nuestras piernas,
el clítoris hinchado y las mejillas sonrosadas.
Dulce, como la salvia en la piel exhausta.
La vívora anida entre los labios femeninos
se desliza desde dentro y devora
seductora, lame a los Abeles
y de ella el veneno es verbo,
el principio.
miércoles, 29 de abril de 2015
Escribir para después

Siempre que me leo me sorprendo y pienso que nunca voy a volver a escribir algo tan hermoso como lo que he escrito antes. Es una especie bien torcida de narcisismo. Me encanta leer las páginas de mi pasado, de mi puño y letra hasta emocionarme a las lágrimas. Me encanta auto-inducirme la nostalgia y renegar del presentefuturo con sus infinidades, aunque guardo la secreta certeza de que siempre seguiré escribiendo algunas líneas burdas que, después, y sólo después, me parecerán hermosas -estas mismas, por ejemplo-.
Hoy día, comentando con una amiga, me acordé de fotolog. "Me gustaba tanto porque podía escribir mucho", siempre escribía mucho, aunque me comentaran 'sluds rose' los que no se dieron la molestia de leer. Me pregunto: para qué audiencia tanto escribía, para qué audiencia sigo escribiendo y qué comité de censura ya no me deja ''escribir mucho''. La respuesta fascinante que se me abre recién hoy, tras años, es que siempre escribo para mi yo futura. La eterna pregunta por el sentido se advierte relativamente contestada: escribo, para leerme con ternura vieja y compartirme con un poco de vergüenza.
"Scribo ergo sum", fue mi lema, y me hace un poco más de sentido. Escribo para creerme que fui.
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